Curiosamente, no fue gracias al lince que se originó este dicho tan popular. Ha sido un error histórico de transcripción.

En una antigua ciudad del Medio Oriente, existía un rey llamado Alfareo, cuyo hijo era famoso por la capacidad visual de que gozaba, ya que era capaz de distinguir desde su atalaya en Libia, la partida de una flota enemiga desde Cartago. Y no sólo eso; se decía además, que era capaz de atravesar con su mirada toda clase de objetos sólidos.

El nombre de este descendiente de nobles era Linceo y fue él quien dio origen al dicho popular Tener vista de Linceo, que era como se decía en los primeros tiempos y no tener vista de lince, como se expresa en la actualidad.