En un pueblo sin nombre vivían cinco familias. Por eso todos se conocían y se querian mucho. Todas las familias tenían hijos, de tres, cuatro y cinco años. En las tardes estos niños se juntaban en el parque. Jugaban a las escondidas, a las carreras, a la pelota, y muchas cosas más. Pero tenían un juego que era su preferido, se llamaba “Las adivinanzas”. Las adivinanzas eran muy divertidas para ellos, uno de los niños debía pensar en un objeto que estuviera en el parque y los demás deberían adivinar de qué se trataba, tenían que hacer preguntas sobre la palabra misteriosa para tener mas ayuda.
Gustavo, uno de los niños, pensó en la palabra “árbol”, los demas niños preguntaban :

-¿es alto?, ¿es duro?, ¿es liviano?, ¿es de color rojo?. .

Y el juego terminaba cuando alguno de ellos adivinaba, entonces el ganador pensaba en otra palabra. Todos se divertían menos uno. Su nombre era Leonardo, pero sus papás le decían Lilo. Lilo tenía cinco años, era muy bueno, como todos los niños. Ayudaba a sus papás en todo lo que podía. Pero en las tardes su carita estaba triste porque miraba jugar a los demas niños y él no podía disfrutar los juegos con ellos. Tenía un problema. . . Lilo podía hacer de todo, pero no podía hablar, él no tenía voz. Había nacido con ese problemita. Y los niños no se acercaban a él porque no podían escucharlo.

Para sus padres no era ningun problema porque desde muy pequeño le habían enseñado a hablar con sus manos y de esa manera se entendían muy bien. Pero Lilo pensaba que él nunca podría ser como los demas niños del pueblo, ellos sí tenían voz y por eso jugaban a lo que querían.

Una tarde todas las familias se reunieron en el parque a celebrar el cumpleaños del pueblo. Luego de comer cosas ricas, la mamá de Lilo ,llamada Ana, les dijo a todos que se sentaran formando una gran ronda para jugar a algo muy divertido. Despues de formar la ronda bien grande, Ana les explicó como era el juego. Los papás y sus hijos debían adivinar la palabra que Lilo iba a pensar. Nadie sabía como hacer eso porque el niño no podía hablar y no iban a entenderlo. Pero se quedaron en silencio esperando a ver que sucedía.

El juego comenzó. Lilo levantó sus manos y señalo a los niños con una de ellas y con la otra señaló a los papás. Entonces los demas gritaban: ¡la palabra es niños!, pero él con su cabecita les decía que no, entonces seguían gritando otras palabras: ¡señores!,¡señoras!, ¡papás!, Lilo sonreía de poder estar jugando, pero su respuesta seguía siendo “no”. Decidió ayudarlos un poco más y usó sus dedos para hacer la primera letra de la palabra, que fue la “P”. Y empezaron a decir : ¡papá!, ¡pasto!, ¡paisaje!.

Lilo seguía riendo, nunca se había divertido tanto entre esa gente que él miraba desde su jardín todas las tardes. De repente se paró en una silla y estirando sus brazos señaló todo el lugar y todas las personas que estaban jugando, y fue entonces que uno de los papás gritó : ¡pueblo!, y Lilo comenzó a aplaudir de alegría porque esa era la palabra. Todos rieron y aplaudieron al papá que había adivinado, pero los aplausos más fuertes fueron para Lilo que había hecho reir a todos y sabía jugar tan bien como los demas niños.

Desde aquel día, en las tardes, Lilo y los niños se sentaban en el parque y jugaban a las adivinanzas, pero había algo diferente en el juego. Todos querían que Lilo les enseñara a hablar con las manos, y muy pronto ellos aprendieron a hablar como él y a entender lo que les quería decir. Es por eso que el nombre del Pueblo se llamó Lilo, porque fue él quien enseñó a los demas a vivir todos juntos en ese hermoso lugar sin que ninguno tuviera que cambiar su forma de ser.