Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos:la alegría, el entusiasmo, la locura, la tristeza, la ira, la codicia, el amor…. Un día se avisó a los moradores de la isla, que esta se iba a hundir , que debían abandonarla. Todos los sentimientos corrieron al puerto para coger los barcos y salvarse del hundimiento. Todos menos uno… el amor, se quedó un rato más en la isla, quería mirar por ultima vez sus montes, tocar por última vez aquella tierra que tanto había amado, cuando terminó de despedirse corrió al puerto, pero no quedaba ningún barco, desesperado se tiró al mar y nadó al barco más cercano, era un barco grande, lleno de riquezas y lujos, en el iba montado la avaricia, el amor al verla gritó:

– Avaricia, por favor ¡llevame contigo!

La avaricia le miró y le dijo: Lo siento Amor, pero mi barco esta lleno de oro y plata… no hay sitio para ti

El amor siguió nadando y encontró a la vanidad en un precioso barco y como a la avaricia le pidió ayuda, pero la vanidad le contesto: Lo siento Amor, pero mi barco está nuevo y precioso y si subes todo mojado, vas a estropearlo…

Tras el barco de la vanidad estaba el barco de la alegría, había una gran fiesta, y en medio de ella, la alegría, gritaba y reía, se lo estaba pasando tan bien que no oyó los gritos de socorro del amor.

El Amor cada vez estaba más cansado, cuando estaba a punto de desvanecerse vio un barco con sus ultimas fuerzas nadó hacia el, sobre la cubierta, sola estaba la tristeza, cuando estaba al lado del barco gritó: Tristeza por favor, salvarme. la tristeza le miró y le dijo: Lo siento Amor estoy mejor sola…

El amor estaba a punto de desfallecer cuando una barca pequeña apareció y sobre ella iba un viejecito que  le dijo, yo te llevaré Amor.

Cuando el amor subió a la barca, se quedó profundamente dormido cuando despertó estaba en tierra, a salvo con todos los sentimiento de la isla… se acercó a la sabiduría y le preguntó quien era el viejecito que le había salvado, la sabiduría sonrió y le dijo que el viejecito era el tiempo, el Amor extrañado, le preguntó por qué el tiempo le había salvado y la sabiduría contestó:

Por que sólo el tiempo es capaz de encontrar y salvar al Amor.

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