En una de las historias, Draco representa al dragón que mató a los hombres de Cadmo, enviados a la fuente de Ares a buscar agua. Cadmo mató al dragón y sembró sus dientes en la tierra. De los dientes brotaron hombres armados, “los hombres sembrados” o espartas, ancestros de los tebanos.

En otra de las versiones, Draco es el dragón Ladón, muerto por Heracles. Cuando Heracles estaba sujeto a su voto de obedecer las órdenes de Euristeo, se le encargó que robara las manzanas de oro del árbol que Gea, la diosa Tierra, había regalado a Hera cuando ésta desposó a Zeus. Las Hespérides, hijas del titán Atlas, habían cultivado el árbol, y el dragón Ladón, siempre vigilante, lo custodiaba. Nereo, el viejo sabio del mar, advirtió a Heracles que no debía tomar las manzanas él mismo, sino que debería buscar la ayuda del titán Atlas. Heracles disparó una flecha al interior del jardín que mató al dragón y, de este modo, le abrió paso a Atlas, que pudo tomar las manzanas. Airada por la muerte del dragón, Hera colocó la imagen de Draco en el firmamento.

Otra imagen griega para Draco es la del dragón que combatió al lado de los titanes cuando luchaban contra los moradores del Olimpo. Al cabo de diez años de batalla, el dragón se enfrentó a la diosa Atenea, (Minerva). La diosa tomó a la bestia por la cola y la lanzó al cielo. Mientras volaba por los aires, se le hicieron nudos en el cuerpo y quedó atrapada alrededor del polo norte celeste, donde el aire era tan frío que el dragón se congeló y no pudo escapar de su posición circumpolar.